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OkPara leer en pareja | 18 de November de 2008
Aquellas pequeñas cosas
Todos tendemos a recordar el pasado mejor de lo que fue. A una determinada edad, que no tiene porque ser avanzada, tenemos una cantidad de recuerdos suficientes como para llenar varias novelas. Algunos detalles crecen en nuestra mente y otros se achican, simplificamos, exageramos, añadimos y manipulamos recuerdos; la memoria puede hacer que un momento parezca más vasto y más importante de lo que realmente fue. Los recuerdos llegan sin que los llamemos y una vez que nos alcanzan, los convertimos uno a uno en pequeños para siempre. Marcel Proust, inigualable novelista francés, creía que se ocultaban como espíritus dentro de los objetos. De esta manera, un día tomamos una taza de té, o damos un paseo o miramos un souvenir que nos dieron en una fiesta y el recuerdo nos asalta. Cuando lo hace, abre la puerta a todas las nostalgias que lo rodean: el lugar, la música, los perfumes, los invitados, cuánto bailamos, cuánto nos divertimos.
La celebración del casamiento es, entre otras cosas, un compendio de rituales que han surgido como consecuencia de costumbres sostenidas a través de la historia y, si bien conocemos a la perfección cómo deben llevarse a cabo de algunos de estos ritos y los vemos repetirse infinitas veces, es probable que desconozcamos su origen. Por ello, la propuesta es adentrarnos un poco en las leyendas de algunas de las “pequeñas cosas” que se pueden obsequiar en una boda, a ver si desentrañando su raíz las revitalizamos, las disfrutamos y permitimos que nuestros invitados abran la puerta para salir a jugar con los recuerdos cada vez que las vean.
Souvenir
Un souvenir (del francés, recordar) es un objeto que atesora los recuerdos que están relacionados a él. Nadie sabe a ciencia cierta como comenzó el hecho de entregar souvenirs como recuerdo de bodas, pero la historia cuenta que cientos de años atrás, cuando la novia y el novio decidían unir sus vidas, se necesitaban ciertos fieles testigos quienes, con ánimos de hacer oficial este compromiso frente a la sociedad, observaban esta unión y se llevaban algo como prueba, en donde habitualmente inscribían los nombres de la pareja y la fecha para certificar que la ceremonia había tenido lugar realmente. El propósito de estos souvenirs era simplemente confirmar la unión en matrimonio; eran más que un regalo de la celebración, una tradición requerida para que el procedimiento tuviera aspectos legales.
Las 5 Almendras
Este regalo lo explica una historia de amor de la mitología griega: Fílide princesa de Tracia, se enamoró de un joven ateniense, combatiente de la guerra de Troya llamado Acamante, quien tuvo que regresar a Atenas ante la muerte de su padre. Habiéndole prometido que volvería para casarse con ella, Filide, iba todos los días a la costa esperando encontrar el barco de su amado, pero el tiempo pasaba y como éste no llegaba, la princesa envuelta en una tristeza infinita, se quitó la vida. La diosa Atenea, conmovida por este acto de amor, decidio convertir su cuerpo en un almendro y cuando por fin Acamante volvió, sólo pudo acariciar la corteza de su amada. Fílide desde su naturaleza arbórea respondió a su amado floreciendo de repente, sin que hubiera dado tiempo a que las hojas brotarán.
El árbol de almendra se convirtió así en un símbolo de juventud impetuosa y amor eterno, y por eso se obsequian a la familia y amigos de los recién casados cinco almendras, las cuales simbolizan SALUD, AMOR, FERTILIDAD, FELICIDAD Y UNA LARGA VIDA JUNTOS.
El ramo de la Novia
El Ramo era en sus comienzos un manojo de hierbas frescas y aromáticas cuya misión era ahuyentar los malos espíritus que pudieran acechar a la novia. El hecho de arrojarlo tiene sus orígenes en el siglo XIV, época en la que se consideraba que conseguir un pedazo de la ropa de la novia era buena suerte, por ello los invitados tiraban del traje de novia para arrancar pedazos de tan preciado souvenir. En vez de permitir a sus invitados rasgar sus vestidos gratuitamente, las novias buscaron una alternativa y comenzaron a lanzar artículos personales, como por ejemplo las ligas y su ramo de flores.
Confites ¿para cuándo?
En algún lugar del imperio alrededor del año 100 a.c. panaderos romanos comenzaron a crear tortas pequeñas y dulces con esos granos de trigos. La tradición se fue transformando entonces en desmenuzar estas tortas de trigo sobre la cabeza de la novia y como un símbolo de fertilidad, se requería que la pareja comiera algunas migas. Años más tarde estas migas serían los confites... una mezcla de granos y dulces con nueces y almendras.
"Son aquellas muy pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón...Que te sonríen tristes y, nos hacen que, lloremos cuando nadie nos ve" Joan Manuel Serrat
Agradecemos texto: Mario Combes, Andrea Barrera








